Conversaciones con (a través de) Mirtha Dermisache
En el marco del “Homenaje a las Jornadas del Color y de la Forma”, que tuvo lugar en MALBA el 7 de octubre, la artista visual y educadora Julia Masvernat compartió la siguiente reflexión en torno al trabajo de Mirtha Dermisache y su propia práctica.
Conversaciones con (a través de) Mirtha Dermisache
Por Julia Masvernat
Preparé esta presentación imaginando: ¿Qué preguntas le haría yo a Mirtha Dermisache si estuviera ahora acá con nosotros? Estas son las preguntas que me suelo hacer a mí misma a la hora de entender o desglosar mi práctica.
Las escrituras de Mirtha Dermisache, visuales y silenciosas, nos proponen activar otros sentidos de lectura e interpretación. «Un día sentí que una especie de nudo se desataba dentro de mí « dijo Mirtha en una entrevista a Edgardo Cozarinsky, cuando comenzó con el proyecto de las escrituras ilegibles, que llevó adelante durante toda su vida. “Lo mío no quiere decir nada. Únicamente cobra valor cuando el individuo que lo toma se expresa a través de él”.[1]
Me identifico con esta frase. En mi trabajo hago propuestas en donde dejo abierto el sentido al proponer imágenes no representativas y ambiguas.
A lo largo de su trayectoria, Mirtha nunca abandonó las piezas gráficas establecidas en la era de la comunicación impresa, cartas, postales, diarios y newsletters. Me pregunto: ¿Cómo sería una obra suya que integre los medios digitales?
La vibración de lo ambivalente
Veo en su trabajo una necesidad de atravesar ciertos umbrales y borrar los límites. La necesidad de moverse entre un espacio y otro, entre una actitud y otra:
Legible y no legible, codificado y no codificado, escritura y dibujo, adentro y afuera, repliegue y despliegue, espacio íntimo del taller y espacio público para la circulación de sus libros, abstracción y representación. Creo que la abstracción también funciona como refugio. Según Belén Gache: “Muchas veces los lenguajes asémicos y las escrituras secretas han sido utilizados como forma de resistencia a los poderes culturales hegemónicos y también como una eficaz estrategia para eludir la censura.” [2]
La pequeña escala de su obra gráfica y la gran escala en las Jornadas del Color y de la Forma. Controlar y soltar, metodología que aplica tanto en sus obras como en sus talleres. Estos dúos no los planteo como opuestos, sino como pares necesarios, partes de un mismo proceso.
Sextas Jornadas del Color y de la Forma, Centro Cultural Ciudad de Buenos Aires, noviembre de 1981.
Estas son, entonces, las preguntas de una entrevista imaginaria con Mirtha Dermisache.
Las respuestas son mías, colocando entre comillas los textos en que cito a Mirtha.
¿Relacionás la popularidad de las Jornadas del Color y de la Forma al contexto en el cual se organizaron?
Las Jornadas del Color y de la Forma, en el contexto de la dictadura, funcionaron como un espacio de libertad y juego, de interacción y placer. Una necesidad humana que estaba vedada, tanto por la dictadura cívico-militar, como por las represiones propias del mundo adulto.
¿Funcionaron como un espacio de catarsis? ¿Un refugio? ¿Un paliativo?
Fue un espacio que funcionó mientras sucedía el terrorismo de Estado en los cuerpos propios y el cuerpo social. Muchos se refugiaron en espacios de intimidad. Según Ana Longoni: “Muchos artistas se refugiaron en la pintura de caballete, a través de la que poco a poco pudieron articular un discurso que diera cuenta del terror” 3. Algunos testimonios de quienes participaron en las Jornadas dicen: “Te olvidabas de lo que pasaba afuera”. “Me transporta como la buena música”.
Jorge Luis Giacosa, colaborador de Mirtha Dermisache en las Jornadas, me comentó: “Cuando llegó la democracia, dejamos de organizar las jornadas”. En la primavera democrática, las jornadas de la libre expresión se realizaban en las calles, en las radios, en las plazas, en las escuelas. Recuerdo en mi primaria, una escuela pública de Almagro, hacíamos los actos escolares en el espacio público, se cortaba la calle y se hacía el acto con bandera, himno nacional y todo el ritual clásico, al que en democracia se sumaban actividades culturales de música y juegos.
Enseguida relaciono las Jornadas del Color y la Forma a los talleres de arte que di durante cinco años en el espacio YoNoFui, con mujeres que atravesaron la experiencia de la cárcel. Nuestro taller fue un espacio de libertad, muy similar a lo que cuentan quienes participaron en las Jornadas. Un dispositivo de diálogo.
Una vez les propuse a las chicas utilizar la serigrafía como medio de comunicación, al modo del TPS (Taller Popular de Serigrafía), haciendo afiches o remeras que sirvieran para visibilizar reclamos o denuncias, problemáticas y conflictos que ellas consideraran importantes. En seguida me contestaron: “¡No! ¡De eso ya tenemos todos los días, entre abogados, jueces y la cárcel! Nosotras venimos acá y queremos conectarnos con otra cosa, con algo lindo, placentero, divertido, el arte, ¡lo creativo! Para olvidarnos de todo aquello”. Otra de las chicas decía: “Me gusta dibujar porque te conectás con otra cosa y te olvidás todos tus problemas”.
De todos modos, más allá de las intenciones de no visibilizar de manera explícita los conflictos, en los dibujos, los conflicos aparecen. Emergen porque están ahí, llegan sin que nadie los invite. Me pregunto: ¿En qué casos el adulto se libera o se infantiliza? Jugar como un niño es liberador, pero es peligroso cuando se convierte al adulto en un niño totalmente dependiente (como sucede en la cárcel). Me interesa aclarar este punto porque la alusión a “lo infantil” puede tener muchísimos significados.
Dibujo de Silvia Hurtado, 2012. Taller YoNoFui.
¿Qué relaciones estableces entre la docencia y el mundo infantil?
“¿Puede la gente grande expresarse con las técnicas de los chicos? Nosotros creemos que sí. Lo haremos todos juntos». (Texto del afiche, Jornadas del Color y de la Forma, 1975). La opinión de Mirtha es clara y explícita: en sus talleres propone la acción artística como un juego, en el que se participa por el placer del juego mismo.
En mi caso, me gusta encarar la docencia como un juego. Disfruto mucho escribiendo propuestas de talleres. Escribo las reglas de un juego para generar una situación, con determinados materiales y coordenadas de acción. Cuánto más restringidas las reglas, más interesante es lo que aparece.
¿Cómo se afectan entre sí tu práctica artística y tu práctica docente?
Observo en el trabajo de Mirtha la misma metodología en ambos campos: la aplicación de reglas muy estrictas para que todo desborde. Observo un movimiento de repliegue y despliegue. El trabajo en soledad y el trabajo en grupo. La relación entre creación individual y colectiva. Observo en sus obras algunas de las técnicas que proponía en sus talleres.
Mis prácticas se afectan mutuamente, permanentemente. La metodología del juego y la experimentación con los materiales la aplico en ambos campos. Empecé dando clases en la Universidad. Más tarde mi práctica docente estuvo atravesada por un acercamiento a los movimientos sociales, a partir de 2001, luego de haber formado parte del TPS. Me vinculé con diversos colectivos y activistas. La relación que fui construyendo con varias comunidades y territorios es a través de una experiencia que podríamos llamar de docencia en espacios no convencionales. (Movimiento de Trabajadores Desocupados de Lanús, colectivo YoNoFui, el Laboratorio Audiovisual Comunitario, el Club de Jóvenes Retiro-Villa 31).
Propongo la docencia como una plataforma para el intercambio. Donde tanto ellos como yo, salimos transformados de esa experiencia. A veces es un espacio más lúdico, y otras veces construimos proyectos de más largo alcance. Dos mundos se reúnen en un espacio común muy potente.
Creo que toda práctica pedagógica está atravesada por los intereses del docente, y dar clases es un espacio más de exploración y crecimiento. Así obra y docencia se retroalimentan.
Muchas veces, las técnicas que exploro en mis proyectos de arte son las mismas que propongo a los grupos. Y son de lo más diversas.
Por ejemplo: mientras hacía serigrafía en las calles con el TPS y en el taller con YoNoFui, desarrollé una obra de abstracción geométrica en serigrafía.
Otro ejemplo: mis alumnos jóvenes, muchas veces, cuando escriben historias de ficción, imaginan un mundo disfuncional e injusto, describen mundos distópicos, llenos de zombies, y catástrofes, guerras por la falta de agua en el planeta. Siguiendo el camino de las distopías infantiles nació el proyecto grupal Nocturama (grupo de performance con dispositivos lumínicos y sombras).
¿Las Jornadas del Color y de la Forma son o no una obra?
Creo que esa clasificación no es tan importante. Y está dada por el contexto en que se presenta el acontecimiento y por las intenciones de los organizadores. Hoy llamamos a nuestras actividades “prácticas artísticas” más que “obras”.
Personalmente, me interesa ese lugar híbrido entre obra-no obra porque interpela a diferentes interlocutores. En el caso de las Jornadas, el dispositivo puede considerarse una «obra-acontecimiento» organizada por Mirtha Dermisache y sus colaboradores para generar una gran obra colectiva y anónima.
Es un punto de vista muy contemporáneo. Reinaldo Laddaga lo describe muy bien en su libro Estética de la emergencia. Tiene mucho que ver con las iniciativas que desde siempre tuvieron algunos artistas en desarrollar prácticas que se salieran de los formatos y espacios tradicionales del arte. También son modos de “democratizar” el arte, en el sentido de sacarlo del corset de clase en el que viene enmarcado históricamente. Son otros modos de encarar las propias prácticas. No son uno u otros, no los considero mejores o peores. Dependen más del contexto y las coyunturas.
La cuestión hoy es cómo hacer que esas prácticas, que son transformadoras para las personas que participan, se puedan comunicar hacia afuera del grupo. En ese caso, es importante la documentación y la reflexión sobre lo sucedido. Para eso estamos hoy acá conversando.
Biblioteca caminante, 2015 – Buenos Aires (EMEM nro 6, CAPA, Club de Jóvenes, Colectivo Turba)
¿Qué relación establecés entre el mundo infantil y tu obra?
“Juego a que escribo. Escribo algo que nadie entiende” podría haber dicho Mirtha.
En mi trabajo, el inicio siempre es a través de la experimentación con los materiales, jugando como una niña con el color y la forma. Hasta que aparece un “proyecto”. En varias de mis obras propongo a los espectadores un juego que no tiene inicio ni final, sino que es el juego por el placer del juego mismo. Luego, cada uno arma su propio relato. Comencé haciendo obras como Luciérnaga sonora (que podían exponerse como una obra en un espacio de arte contemporáneo o podían distribuirse online como un videojuego “apto para todo público”. Me ubiqué muchas veces en esos lugares híbridos: adentro y afuera del sistema del arte.
Luciérnaga sonora, 2006 / Devorador de luz, 2012
¿Qué importancia tienen las técnicas? En tus talleres y en tu obra.
«Solo les explicaremos técnicas» propone Mirtha en el afiche de las Jornadas. Las técnicas afectan al cuerpo. Cada técnica propone formas distintas de vincularse. No es lo mismo la arcilla que el video, el plumín que el muralismo.
La gráfica, el grabado, la imprenta, el libro. Las tecnologías de lo multiplicable. El aura de lo múltiple. No es casual que ella eligiera estas técnicas, donde puede reunir esa doble actitud de repliegue – despliegue (en la intimidad de una escritura en soledad – en la distribución masiva de una publicación, que luego retorna a la intimidad de la lectura individual). Yo soy diseñadora gráfica, ese mundo me apasiona y me es familiar: el olor a tinta de imprenta.
Sextas Jornadas del Color y de la Forma, Centro Cultural Ciudad de Buenos Aires, noviembre de 1981.
En el mundo de la docencia es muy común escuchar: “La técnica es una excusa, es una forma de armar una dinámica participativa para el grupo” Yo no estoy de acuerdo. Esa es una mirada que toma a la técnica únicamente como un espacio vinculante, y no es sólo eso.
Cada técnica propone diferentes formas de involucrar al cuerpo, cada técnica tiene además una historia. La serigrafía es de uso industrial, en las artes visuales y en el activismo desde el mayo francés. La arcilla, es un material de uso milenario, utilitario y artístico. La fotografía, el cine y el video, son medios que nacen con la perspectiva monocular del Renacimiento, etc, etc.
Yo soy parte de la generación que vivió el momento de transición en el advenimiento de la tecnología digital. Eso me hizo estar muy atenta a manipularlas, explorarlas, usarlas. Y ponerlas en relación a otras técnicas.
¿Es importante el resultado final en las prácticas docentes?
Claramente en las Jornadas no era importante el resultado final. La gente se lo llevaba a su casa o al final de las jornadas se desarmaba, para ser reutilizado al día siguiente. Cada uno se llevaba la experiencia a su casa. Pero ¡Menos mal que tenemos esas fotos para ver las cosas que hacían! A mi me hubiese gustado verlas en vivo. Esas obras por sumatoria, que acumulan capas y capas de intervenciones de miles de personas son muy potentes.
Creo que el “resultado final” tiene más que ver con el afuera de quien crea las piezas. Si bien el objetivo es la transformación personal que te deja la experiencia, creo que en muchos casos es importante el hecho de lograr un resultado final, porque ese efecto transformador circula más allá de los protagonistas de la acción. En los talleres que doy: reunir los dibujos en un fanzine, estamparlos en una remera, trasciende lo íntimo y lo vuelve púbico. En el caso de los talleres en la cárcel, es importantísimo porque el “afuera” tiene un sentido muy fuerte, es la sociedad de afuera.
En el caso de mis estudiantes de Retiro, algo clave que hacemos en ese sentido es la articulación entre diversos actores sociales. Colectivos, artistas e instituciones.
El trabajo de edición, proyección y pre-visualización de posibles productos finales es algo que disfruto mucho.
Es interesante ver qué va a pasar hoy con la realización de las Jornadas del Color y de la Forma, donde además van a participar varios de los protagonistas de aquellas originales. Siempre es un desafío interesante replicar y reinterpretar acciones y que las diferentes generaciones se comuniquen entre sí.
¿Cómo incide la política en tu vida?
Mirtha no participaba de ninguna agrupación política, ni de una militancia durante los años 70. Eso también le permitió desarrollar una acción profundamente política como las Jornadas del Color y de la Forma. Una militante de las artes visuales.
En 1974, desiste de participar en la bienal de Sao Paulo, sumándose a una iniciativa del artista Gordon Matta Clark, como protesta por parte de los artistas hacia la dictadura en Brasil. Pero, ese mismo año, participa en un congreso de Educación artística en Sao Paulo. Donde vuelve en 1976.
Creo que trabajar en educación es una práctica política. De transformación personal y social.
¿Cómo relacionás lo sonoro a tu escritura?
“La música fue un elemento clave en sus viajes y procesos creativos personales”
(Archivo Mirtha Dermisache). La obra de Mirtha me provoca ganas de organizar un encuentro de lectura performática, y la interpretación sonora de sus escritos.
Notas:
[1] Mirtha Dermisache, en: Egardo Cozarinsky “Un grado cero de a escritura”, Panorama, Buenos Aires, año VII, n° 156, abril de 1970.
[2] Belén Gache, en: “Mirtha Dermisache. Porque ¡Yo escribo!”. Catálogo de la muestra editado por MALBA y Fundación Espigas, Buenos Aires, 2017.
[3] Texto citado por Lucía Cañada en : “Mirtha Dermisache. Porque ¡Yo escribo!”. Idem op cit. De: Longoni Ana, “Vanguardia y revolución. Arte e izquierdas en la Argentina de los sesenta-setenta. Buenos Aires, Ariel, 2014).