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La penumbra diurna de la selva (2009) / mural





Mural en vinilo rojo, sobre el vidrio en la muestra Sinestesia. Curada por Alina Tortosa y Elizabeth Torres. Fundación Itaú. Buenos Aires, diciembre 2009 - febrero de 2010.

Apuntes sobre La penumbra diurna de la selva.

LA IMAGEN
¿Es un paisaje?
Navidades apocalípticas en el Río de La Plata, una ciudad flotante sobre Buenos Aires, se visualizan campos de fuerzas invisibles, ciclones y anticiclones, nebulosas, ruinas de proyectos inacabados, guirnaldas, luces, cables, fiestas.

LAS FUENTES
Un paisaje urbano nocturno donde conviven lo festivo y lo sórdido. El título viene del libro "El río sin orillas" de Saer, un ensayo-novela donde el autor entrelaza historia, geografía, política, antropología, literatura y etcéteras del Río de la Plata y, además, sus vivencias y sensaciones personales.

Hubo tres posibles títulos para este mural, todas citas de aquel libro:
"La penumbra diurna de la selva"
"Ciertos actos humanos flotan, aéreos, en la transparencia de la llanura, revelando su carácter de espejismos"
"Agobiado por la sucesión de espejismos y de catástrofes"

EL CONTEXTO
Un dibujo en una superficie transparente, que une y separa al espacio privado del espacio público, al espacio interior del exterior. En pleno centro porteño. La percepción de la imagen cambia según la hora del día. Según cómo incide la luz en cada momento, el dibujo se percibe de maneras diferentes. Desde adentro la imagen es completada por transeúntes y vehículos, por el teatro Colón en obra, o por la oscuridad de la noche. Desde afuera el dibujo se completa con una serie de objetos y personas circulando por la sala, o por una intensa luz durante la noche.

PROCESO TÉCNICO
Habitualmente utilizo una técnica de dibujo que es el calado sobre papel, con trincheta y tijera. Esta imagen retoma la misma técnica, pero atravesada por una tecnología digital. El dibujo fue compuesto en un software de dibujo vectorial y luego, mediante un plotter de corte se hizo el calado sobre el vinilo. Es una traducción de un trabajo artesanal a otro que también es artesanal pero que incorpora tecnologías y materiales sintéticos.
El resultado es un collage digital que mantiene la huella del trabajo manual que le dio origen.

A propósito de esto me gustaría incluir una cita:
Lo característico de la imagen técnica es que mantiene esa tensión irresuelta de
la composición fragmentaria, pero ya no se obliga a dejar testimonio de la
condición inorgánica de la composición. La imagen técnica es inorgánica,
fragmentaria, conoce su condición de “construida”, es un producto de, por así
decir, “cosido de fragmentos” -como lo era la forma vanguardista.
Sin embargo, puede no sólo no poner ningún empeño en evidenciar esa con-
dición de fragmentación inorgánica (como imponía el canon vanguardista)
sino incluso presentarse con una apariencia plenamente resuelta de organicidad,
de completud.
Si tomamos como ejemplo de este tipo de producciones de la imagen técnica
una de las recientes obras de Jeff Wall producidas por ordenador, sabemos que
se trata de un collage, es decir que la apariencia mostrada es el resultado de un
trabajo de “pegado” de una gran diversidad de detalles que pertenecen a dis-
tintos lugares y tiempos. La diferencia es que, al contrario que la imagen van-
guardista, la imagen técnica no necesita evidenciar sus “costuras”, sino que se
presenta con apariencia de organicidad, de totalidad cerrada. Lo importante
es en ningún caso olvidar que ese carácter de construida, de compuesta por la
yuxtaposición de fragmentos, está a la base de su producción.

La potencialidad específica del medio técnico utilizado –el ordenador como
segundo obturador, como dispositivo de postproducción de la imagen captu-
rada- y su capacidad de desenvolver la técnica alegórica de recomposición y
collage disimulando las “costuras”, los intersticios de la disonancia vanguar-
dista, da como resultado la reconstrucción efectiva de un espacio de pictorialidad
–impensable incluso en el propio campo pictórico- entendida como organicidad
y compleción estructural del espacio de la representación.

De José Luis Brea, 2002. En el libro: La era postmedia, Acción comunicativa, prácticas (post)arísticas y dispositivos neomediales.